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Firmitas, utilitas, venustas

25 junio 2013

 

 

 

Un descubrimiento que compartimos

El otro día salió el sol y junto con mi amiga de la infancia, adolescencia y juventud disfruté en una terraza del almuerzo. Ella es directora de una entidad financiera multinacional pero su sueño siempre ha sido, y es lo que de verdad le pega, ser la directora de un hotel. Comenzamos a imaginar, que es lo que sueles hacer cuando estás tranquila y relajada. Mi amiga me habló de un hotel “que han creado desde una casa familiar los Oiza”. ¡Vaya!, le dije. Tengo pendiente un post sobre Villa Clementina, le confensé, y no he tenido tiempo. Del lunes no pasa.

Hace ya dos semanas que Fer y yo fuimos hasta Murillo de Lóndiga a responder la cortés invitación de Fernando Oiza a enseñarnos la villa. Llegamos en moto, en un día de primavera de los poquísimos que nos ha regalado la naturaleza este año, y por una carretera que te acerca a los Pirineos entre campos de cereal y collados.

La también llamada ‘Casa del americano o del indiano’ es, como se lee en la Web, un edificio de finales del siglo XIX recuperado con una cuidada y respetuosa restauración. La casa estaba en activo, allí han pasado los veranos los tres hermanos que se han arriesgado y la han convertido en un hotel con encanto, boutique o como se le quiera llamar. Es una pasada.

Eso es la arquitectura. Cuando la contemplas, cuando la reconoces y cuando la disfrutas entiendes que la actividad de cálculo, estructuras, proyectos y etc. puede llegar a ser una obra de arte, o tal vez dicho de una manera menos grandilocuente, la obra de un artista.

El título de este post que acompaña a las fotos (cedidas por Fernando): venustas, firmitas, utilitas, es la respuesta de Vitrubio en los tres axiomas que cumple la arquitectura si es de verdad arquitectura.

‘Firmitas’ en la resistencia y la firmeza de la construcción. Todo edificio debe ser firme, impasible, mantener ante cualquier desavenencia mandada por los dioses y por la Naturaleza, su entereza, su solidez. De hecho, Villa Clementina sufrió un incendio que amputó el núcleo central superior. Pero prevaleció. Hoy muestra cicatrices de belleza y vejez que no se han ocultado sino resaltado como huella de un pasado orgulloso que le ha conducido hasta aquí.

La ‘utilitas’ es la funcionalidad que toda construcción debe tener según el destino al que esté destinado. Por ello, cada edificio debe ser edificado según las necesidades funcionales y el uso para el que está concebido. En esta hermosa villa se cumplió este requisito: era una casa familiar para un modelo de familia que congregaba generaciones numerosas. Además, era una casa que mostraba que la gallardía, el valor y el esfuerzo de un hijo del pueblo había dado sus frutos y había regresado a sus orígenes para disfrutarlo. Hoy la utilidad ha mudado. Ya no se trata de acoger a una familia que ya no vive en ella. Hoy se trata de no permitir que la casa se deteriore, se vacíe y se pierda. Así que los tres herederos de aquel indiano que regresó a morir a su hogar, pero antes legó a la historia de su pueblo su propia historia y un edificio, le han recuperado la utilitas. Ahora se trata de un hotel donde sus habitantes ocasionales podrán, si quieren, lo desean y lo consiguen, sentirse parte de un relato inacabado y retomado.

Venustas’, la belleza, tal vez este es uno de los puntos más controvertidos de los tres axiomas expuestos por Vitrubio, la belleza de la arquitectura. ¿A qué se refiere Vitrubio cuando habla de belleza? No tiene que ver con el ornato o la decoración (de interiores o exteriores), sino con la ordenación del Cosmo aplicada a la arquitectura. Un edificio es bello cuando responde a un equilibrio de sus partes, forma un conjunto armónico consonante, o disonante, pero sin romper la armonía y el equilibrio de sus partes. Aquí no vamos añadir nada. Si por algo se caracteriza la obra de Fernando Oiza es por cumplir con este requisito desde el más profundo sentido. 

En fin. Creo que las fotos sirven de fiel presentación a Villa Clementina. -No se puede ir a tomar un café, hay que dejar a los niños en casa y con tu pareja mimarte un día o dos o todos ;))- Y no contamos cómo son las piscinas individuales porque no hay que contar todo.

Mucha suerte Fernando y hermanos. Mucha suerte Villa Clementina. Si te descubren podrás sobrevivir, y es de lo que se trata, de cumplir otro siglo más.

Hay una ventana que se abre al campo en un escuadra que parece un cuadro de Salaberri.