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Luke, el robot de FSlegoESTRUCTURAS

18 febrero 2015

 

 

El reto de la FLL gira en torno a la robótica: montar un robot y a programarlo para que sea capaz de superar una serie de pruebas sobre un tablero. 

Igual de importante que los proyectos científicos y de valores es el reto de robótica. Pero solo igual de importante. La FLL persigue formar científicos pensadores, y ya es hora romper con esa estúpida idea de que las mentes son o de ciencias o de letras.

Albert Einstein es un físico que formuló la Teoría de la Relatividad y todos sabemos que le otorgaron el Premio Nobel de Física. Pero Eistein era mucho más. Era un profundo humanista. Hasta tal punto que es coautor de conferencia de Pugwash, que recibió el también Premio Nobel pero en esta ocasión de la Paz. Como demostró Eistein, la ciencia abarca a todo el ser humano. No lo limita “a las ciencias”. Esta visión holística está perfectamente recogida en la FLL.

Siguiendo su ejemplo, FSlegoESTRUCTUTRAS preparó a conciencia su Proyecto Científico, interiorizó su Proyecto de valores y se dejó la piel en crear a Luke, su robot.

Construir un robot es divertido. Es muy divertido. Una diversión que requiere concentración, conciencia y espíritu crítico. J fue el miembro del equipo que lideró el proyecto. Fernando ejercía de coach, pero depositó la autoridad y delegó el mandó a J. A ver el robot y a echar una mano se acercaban todos los demás. De hecho, los dos A fueron autores de brazos y articulaciones diversas. M, G e I ayudaban a ensamblar, y como reconocieron en la puesta en común de valores, todos “aprendimos que los atajos no sirven”. Y reconocieron una lección muy importante: “las equivocaciones, los errores y los fallos deben ser tomados como motivaciones. ¡Nada de rendirse!”

Pero hubo momentos duros. Como el día en que hubo que desmontar todo el robot y repensarlo. El día en que al robot le dio por patinar encima del tablero. El día en que se perdió el punto de equilibro y como si se tratara de un calcetín cualquiera no había manera de encontrarlo de nuevo. ¡Qué duros aquellos sábados y aquellos domingos en que al final de la jornada en vez de avanzar habíamos retrocedido! Pero no desistíamos: teníamos una gran idea y podíamos lograr un gran robot.

Programar o dotar de cerebro al robot

La otra parte de la robótica es programar. Ahí estaba M grande como responsable. La programación requiere mucho orden. Un pensamiento lógico y aplicaciones de silogismo continuos que dotan al robot de memoria. Se programan secuencias que logran que robot interactúe con sus capacidad mecánica en un tablero lleno de obstáculos, los cuales hay que sortear, para alcanzar un propósito: apoderarse de una anilla, levantar un engarce, mover una pieza… La programación tiene mucho de dialéctica. Lo que haces allá por noviembre condiciona febrero, por lo que cada paso debe ser seguro, cuestionado, criticado y finalmente, ejecutado. Se desarrolla el sentido crítico y el pensamiento lateral, esa capacidad de ver más allá de lo evidente y de lo aprendido, en definitiva, de innovar.

Cuando el sábado aparecimos con Luke en el Planetario tenemos que reconocer que levantó expectación. Nuestro robot no sabíamos si era mejor o era peor, pero desde luego era diferente a todos los demás. El domingo lo descubriríamos.