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Una mañana de domingo

22 octubre 2012

Una mañana de domingo, Fernando acudió a una casa camino de Zubiri a atender una llamada. Se trataba de comprobar si una casa de campo soportaría el paso del invierno.

Hace un mes, cuando Fer estaba en México, recibimos una llamada a las oficinas de España. Se trataba de un arquitecto que buscaba “al mejor especialista”. Eso, qué le vamos a hacer, nos hinchó el orgullo, así que atendimos su petición con una gran sonrisa. La cuestión es que la madre de un amigo de un hijo, o algo así, necesitaba que alguien acudiera a su casa de campo porque los pilares del porche se estaban doblando.

Fer volvió de México y esa llamada seguía sin atenderse, por lo que la víspera de su regreso a México, un domingo lluvioso y luminoso (sí, en el prepirineo navarro el oximoron es posible) acudió a la finca. La señora era encantadora. Temía que su casa se le viniera abajo. Tenía razones para pensarlo porque los dos pilares del porche comenzaban a doblarse estilo torre de Pisa.

Fer estuvo analizando el terreno, los pilares y toda la vivienda. Descartó el peligro pero por si acaso dejó un testigo: “volveré en primavera para ver si esto se ha movido más”, le dijo a María, su propietaria.

La satisfacción servir de ayuda también forma para de este oficio.